lunes, 27 de mayo de 2013

¿Políticamente correcto?

Continuaremos ahora exponiendo y analizando los casos concretos de estas “aberraciones” en pos de una lengua “más igualitaria”.

Por todos es sabido el intento de los políticos, en su discurso, de abanderarse como representante de un sector concreto de la población, haciendo uso del lenguaje político. Pero ese intento a veces llega tan lejos que se destapan sus intenciones rápidamente.

Cuando hablamos de que los políticos intentan manipular a las masas con su discurso, podemos apreciar que lo hacen desde varias posiciones distintas y trataremos de ir desvelando cada una de ellas en sucesivos análisis. El caso que nos ocupa hoy es el del lenguaje tan “políticamente correcto” que acaba siendo incorrecto.


En el video que tenemos a continuación podremos asistir a uno de esos momentos a los que estoy refiriéndome.

Supongo que todos o casi todos habréis visto esta desafortunada intervención.

En primer lugar me gustaría decir que, como dije anteriormente, hay discursos direccionados del que pueden sacarse con mayor o menor dificultad el interés político, pero éste particularmente es tan extremadamente evidente que incluso un niño puede darse cuenta de ello debido a la incorrección gramatical que se comete.

En su discurso, la ministra de igualdad, y nada más comenzar ya comete el primer error gramatical referido al género: "...el consejo de ministros y ministras aprobará..."
Éste pasa más o menos desapercibido porque ambas palabras existen, pero ya notamos el matiz sexista que está tomando el discurso, porque aunque lo que la señora Aido trata de hacer (haciendo referencia a ambos sexos) es poner en valor por igual a los ministros y ministras del gobierno, lo que consigue es justamente lo contrario, ya que en esa construcción "el consejo de ministros" representa un colectivo, y por tanto es indefinido (no marcado, porque recordemos que en el castellano a lo que llamamos masculino no es tal, es el género no marcado, siendo el marcado el femenino) por lo que al añadir "ministras" no hace más que marcar el género femenino que ya está incluído en el indefinido colectivo.

La ministra de igualdad no podría sino defender la igualdad... ¿A qué absurdo vamos a llegar? ¿Tenemos acaso que construir una nueva estructura gramatical donde el masculino y el femenino estén siempre marcados? ¿No es esto más discriminatorio que la omisión de género?

Pero no es hasta el segundo 22" cuando suelta su joya lingüística: "...de los miembros y miembras de esta comisión..."

En este caso el error es totalmente apreciable porque la palabra "miembra" ni siquiera existe, la crea ella con su propio interés político. Pero pongamos atención a que no se trata de un discurso espontáneo, donde sería posible y admisible una equivocación, sino que es un discurso escrito y por lo tanto meditado y estudiado. De ahí que el supuesto error no lo sea tanto y se trate de una estrategia para llamar la atención sobre "el machismo" en nuestro país. Pero volvemos a la pregunta anterior ¿No es más discriminatorio marcar los géneros que omitirlos? Parece que el movimiento feminista que buscaba la igualdad está degenerando en el hembrismo, me refiero a ello en el aspecto de marcar por ejemplo el colectivo. 

Hace un par de días en clase de crítica literaria estábamos hablando de la corriente feminista en la literatura, y un compañero de erasmus expuso una experiencia que había tenido que me llamó mucho la atención. Decía que iba a salir con un grupo de amigos, que mayoritariamente eran mujeres, y cuando llegó les dijo "¿vosotras vais a venir a cenar?"
y entonces uno de los hombres que había le dijo "se dice vosotros, porque si hay un hombre ya es vosotros", entonces al parecer él se escandalizó porque le parecía un lenguaje machista y seguía teniendo la misma opinión; tuvimos que explicarle que el colectivo es indefinido, no masculino, pero él seguía diciendo que era machista, y le dije "¿En el inglés hay palabras femeninas o masculinas aparte de he/she? a lo que me respondió que no, que todas eran indefinidas entonces le dije "pues en español el indefinido es el que te parece el masculino sino que nosotros sí tenemos una forma de femenino, por tanto ¿Qué lengua es más machista el español que tiene ambas formas o el inglés que ni si quiera contempla el género femenino?

¿Por qué tenemos que marcar un indefinido cuando hay más mujeres que hombres? Si decimos vosotras cuando hay por ejemplo 20 mujeres y un hombre estamos obviando a ese hombre porque al marcar el pronombre personal decimos que todos a quien nos estamos refiriendo son mujeres, mientras que si usamos vosotros estamos usando el pronombre indefinido y engloba las 20 mujeres y al hombre. A esto lo podemos llamar hembrismo.

Como dije, en un post anterior, el lenguaje político es permeable a las capas sociales y manipula su forma de concebir el mundo, adquiriendo puntos de vista partidarios y sesgados.

"señorías, señoríos..."

Como el asunto que nos atañe hoy es bastante largo y necesita de una explicación introductoria dividiré el tema en dos entradas distintas. Hablo del empeño que en el mundo político (entre otros) están poniendo en hacer énfasis en la diferencia de género.

La manera de buscar el lenguaje "políticamente correcto" está llegando a unos extremos que rayan lo absurdo. Parece increíble que personas "cultas" (resaltemos las comillas en "cultas") puedan incurrir en semejantes errores gramaticales en favor de un afán político de "igualdad".



Pongámonos en situación, expondré primero a qué me refiero, explicando punto por punto: primeramente aclarar que estamos hablando de los errores en los géneros. Aunque no suelen presentarse muchos errores relacionados con los géneros gramaticales, cuando se dan, son muy llamativos. Suelen darse por intentar forzar una “igualdad política” sin poner atención a si la palabra en cuestión tiene género gramatical indefinido o fijo. Hay varios tipos de géneros en las palabras, las iré enumerando:

-Géneros comunes, que son las que tienen igual forma para ambos géneros y son los artículos y los adjetivos los que determinan el género. Ejemplo: el/la pianista, un buen/una buena psiquiatra.
-Epicenos, son aquellos cuya forma es única y pueden ser masculinos (personaje, vástago) o femeninos (pistola, víctima). En este caso las concordancia dependerá del género gramatical del sustantivo, no del sexo referente.
Por ejemplo: “la víctima, un hombre joven, fue trasladada al hospital más cercano”.
Un ejemplo de error de este caso sería el siguiente, hallado en prensa digital:
-“Hoy vamos a revelar los armas especiales de Pirata” (Sunotadeprensa.com, 14/01/2012) La forma correcta en esta ocasión sería: “hoy vamos a revelar las armas especiales de Pirata”, Pues “arma” es una palabra femenina y en su forma singular habría que decir “el arma”, pero en su forma plural se usa el artículo con género femenino.
-Ambiguos, son los que admiten ser usados en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado. Por ejemplo: “el/la armazón”, “el/la dracma”, “el/la mar”, “el/la vodka”. De los sustantivos ambiguos, sólo “ánade” y “cobaya” designan seres animados.
-El masculino para ambos sexos, cuando el masculino gramatical de los sustantivos que se refieren a seres animados se usa para referirse a los de sexo masculino, pero también para referirse a la especie, sin distinción de sexos: “El hombre es el único animal racional”; “el gato es un buen animal de compañía”. Lo mismo ocurre cuando se emplean en plural: “Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales”; “en mi barrio hay muchos gatos”. Sólo es necesario especificar los dos géneros cuando la oposición de sexos es relevante: “La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente”.

Me gustaría resaltar por último que cuando me refiero al masculino y al femenino, me refiero a la idea de género de las personas, pues en español el masculino no es tal, si no el indefinido y el femenino es el género marcado.
Espero que no haya sido muy pesado pero vamos a necesitar apoyarnos aquí para comprender claramente qué tipo de errores se dan en los casos que expondré más adelante.
Por último quería decir que para el desarrollo de esta entrada me he basado en un trabajo que realicé para lengua I.


Un saludo.

domingo, 26 de mayo de 2013

Prometo...

Si llego al poder haré…
¿Cuántas veces habremos escuchado estas palabras en el inicio de un discurso político?
Cuando decíamos que el lenguaje político utilizaba mayormente la función apelativa me refería en gran parte a este aspecto. Es una de las primeras acciones que realizan los políticos: la promesa. Una promesa con un fin claro, conseguir su objetivo de ser elegido para el cargo en cuestión a cambio de facilitar, si lo consigue (y posteriormente es factible), un beneficio para la comunidad a la que se dirige.

Los políticos saben que su éxito o fracaso depende de unos electores a los que se dirige continuamente, lo que no implica que el mensaje tenga que ser claro, a excepción de las campañas electorales, donde las ideas se exponen claramente para llegar a su electorado en cuestión y así hacerlo con más fuerza.

En este escenario confuso, aparece de forma repetida la formulación de la promesa.
Podemos observar que aunque puede variar en su exposición, su intención y su función comunicativa permanece íntegra.
Expuestos el contexto y el hecho, nos centraremos en situarlo en las clases de “actos de habla” para verificar su validez semántica.
Según la R.A.E.
 –Promesa:
 1. f. Expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo.
2. f. Persona o cosa que promete por sus especiales cualidades.
3. f. Augurio, indicio o señal que hace esperar algún bien.
4. f. Ofrecimiento hecho a Dios o a sus santos de ejecutar una obra piadosa.
5. f. Cantidad que se estampaba en los pagarés de la lotería primitiva, como premio correspondiente a la suma que se había jugado.
6. f. Der. Ofrecimiento solemne, sin fórmula religiosa, pero equivalente al juramento, de cumplir bien los deberes de un cargo o función que va a ejercerse.
7. f. Der. Contrato preparatorio de otro más solemne o detallado al cual precede, especialmente al de compraventa.
De aquí podemos deducir el valor  y sentido de “promesa” en el discurso político, donde lo importante es que la voluntad de ayudar o de hacer algo por alguien (en este caso el electorado) quede bien clara. En su sentido de voluntad, obligación y compromiso podemos apreciar que de no darse todos los componentes que la forman dejaría de tener validez, y por tanto estaría vacía.



Para que la promesa deje de tener ese valor semántico deben darse una serie de condiciones, que formarán una serie de reglas, por ejemplo no serían válidas las promesas que no se refirieran al futuro, ni aquellas que produjeran un perjuicio en vez de un beneficio.

Contamos también con la condición de lo obvio, pues dicha promesa carece de validez. Por ejemplo no tiene sentido que un juez prometa que dictará sentencia pues es algo que está ligado a su labor, o que un dependiente prometa que venderá los artículos de su tienda…
Otra condición necesaria para la verificación de la validez de la promesa es la convicción total de la posibilidad de llevarla a cabo.

Por ejemplo si alguien dice: -Prometo que te compraré un coche.
Tiene que darse que  el emisor tenga la intención de comprar un coche a alguien, que eso conlleve un beneficio para quien lo recibe( que sea alguien que pueda usarlo, por ejemplo no le serviría de nada a alguien ciego), que haya un sitio donde comprar el coche, que tiene el dinero para comprarlo…

En lo referente al político tenemos que analizar el hecho de que la promesa se emite desde una posición incierta, desde el supuesto de que ocurra un determinado suceso, pues para el “cumplimiento” de esas promesas tiene que darse la condición de que finalmente el político salga elegido, por lo que la promesa política está basada en una condición por lo que su validez semántica se ve mermada o incluso anulándose su valor lingüístico.
-Si llego al congreso… Si me votais… Si gano las elecciones…


Eh aquí el inicio del discurso político.

El lenguaje político

Hola a todos; para empezar con el punto que voy a tratar conviene hacer una breve introducción de lo que podemos considerar el lenguaje político y así acotar sus límites.

Como es propio de una actividad social concreta, genera su propio sistema lingüístico como el resto de lenguajes sectoriales (médicos, legales…), los factores básicos son que generan su propio léxico, uso de préstamos lingüísticos, uso de neologismos, etc. Una de las diferencias más palpables con respecto a las otras jergas profesionales es que hace un uso repetido de la función apelativa, pues con sus exposiciones y discursos intentan manipular o guiar al receptor-electorado para conseguir un respaldo de sus intereses personales (o de sus partidos). Otro punto a destacar es su casi permanente presencia en los medios de comunicación de nuestra sociedad con la consiguiente penetración en todas las capas sociales.

En lo referente al léxico político podemos decir que cualquier palabra o locución perteneciente a cualquier ámbito es susceptible de incorporarse a dicho léxico, pues éste no es muy abundante ni reciente.



Podemos observar un cambio evidente en el antes y después de la transición democrática en España.
Al comienzo de nuestra joven democracia el léxico político se basaba en componentes sintácticos precisos con alta carga de contenido ideológico, donde no había espacio para la ambigüedad. Los discursos políticos estaban dirigidos a sectores sociales que estaban muy marcados por unas doctrinas bien definidas, y los términos que se usaban más frecuentemente eran aquellos que hacían referencia a grupos ideológicos concretos: “fascistas”, “comunistas”, “rojos”, “nacionales”… así como “revolucionario”, “campesinado”, etc.

De ese “despertar” hasta nuestros días, el lenguaje político ha evolucionado sobremanera, de modo que ha pasado de un lenguaje de la ideologización al de la tecnificación, que ha traído consigo la ambigüedad, mayor oscuridad, y unas estructuras sintácticas más complejas. Esto también tiene su parte positiva, pues ha abandonado los términos simplistas que son usados por los lenguajes de regímenes totalitarios y que buscan una reacción emocional.

En conclusión, hemos pasado de un discurso político que incitaba a iniciar revueltas en diferentes ámbitos (militares, sociales, políticos…) con fines ideológicos a discursos que buscan manipular y confundir a un electorado pasivo en busca de unos intereses con fines partidarios o particulares.


En esto podemos reducir de qué se trata el lenguaje político; veremos más adelante sus diferentes usos y funciones.